Primer síntoma: Salidas nocturnas

Me temo que no será la primera vez que se nombre en este blog las salidas nocturnas.
Es el primer síntoma de la adolestreinta. Sales como siempre, pero llega un día en el que al ir al baño te das cuenta de que ya no perteneces a ninguno de los grupos que por ahí se codean. ¡Mierda, eres mayor que ellos, pero estás más borracha que ninguno!



Mis últimas noches han sido bastante dispares, entre antros de modernos y perreos varios anda la cosa. Me he sentido como pez fuera del agua en ambos sitios. Yo que me creía ser inmortal en la cresta de la ola, resulta que la ola me pasó por encima y casi ni me enteré.

No creais que exagero, esa es la sensación que tuve en el baño de digamos cualquier bar de Malasaña cuando una chica me dijo que tenía una camiseta igual que la mía, pero que "desde que se la dejó a una amiga de la resi" no la había vuelto a ver.

En el momento me eché una juvenil sonrisa y un leve balanceo (culpa de los Gintonics, no mía), pero al salir y comentar la jugada vi que o me iba a casa o acabaría por decirle a la teenager "¿cariño, me puedes sujetar el pelo mientras vomito?". Y por ahí sí que no paso, por lo que eché una bomba de humo y me fuí corriendo para casa en el primer taxi que pillé.

Una estará en plena edad del pavo otra vez, pero si algo he aprendido de la primera es que a veces es mejor salir corriendo que quedarte a ver qué pasa.



1 comentarios:

Valentina Risk dijo...

jajajajajaja me encanta :) super fan desde ya!!

 

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