Decálogo de la Adolestreinta. Síntoma Nº 1



Antes de descubriros este magnífico legado, encontrado en las grutas más profundas y oscuras, entre cocorocos, musarañas y gamusinos, he de deciros que la adolestreinta tiene dos vertientes, la vertiente de aquel que la vive desde la soltería y la de aquel que la vive en compañía.

A pesar de ello el Decálogo de la Adolestreinta vale tanto para unos como para otros, aunque con un pequeño cambio de prisma que básicamente se basa en la envidia o regocijeo del que vive en soltería.

Estas son nuestras 10 verdades, nuestros 10 mandamientos y os los iremos presentando uno a uno:

 
1. Mi cuerpo mi lienzo o un maquíllate, maquíllate...

 Supuestamente deberíamos haber experimentado con nuestra apariencia cuando éramos unos adolescentes y llegar a la treintena con las ideas claras, pero no.

Una de las cosas que caracteriza a aquellos que están inmersos en la adolestreinta, sobre todo a las mujeres y no os ofendáis, es que les da por cambiar de look cada dos por tres y que por mucho que nos cueste reconocerlo, cada vez le tenemos más aprecio a nuestro querido, pero magullado cuerpo.

Te sorprendes poniéndote bonita para bajar al bar de abuelos de debajo de tu casa por el mero hecho de verte linda. Te descubres probándote ropa que hace dos años te provocaba arcadas y que ahora te parece “vintage” (la nueva palabra de moda para la ropa con más años que el tano). O te descubres, y esto también va para ellos, mirando las cremitas antiarrugas, maquillajes y mil chorradas más.

Te apuntas a Pilates, yoga, chikun o lo que coño sea que practiquen los chinos para llegar a centenarios. Te calzas los patines y vas dando tumbos delante de la gente, te compras un monopatín (si chicos, lo sabemos, ha vuelto la moda del monopatín, modernos, que sois unos modernos) o te da por lo más absurdo del mundo, correr (WTF??).

Comes cosas Bio como si supieses qué carajo es eso, depuras tu cuerpín con dietas macrobióticas y masticas la comida 100 veces como Madonna.


Todo sólo por el mero hecho de que tu cuerpo se mantenga de pie para pegarte otra fiesta más o para comerte otro “bollito” más…ya me entendéis…(guiño, guiño, pestañeo…)

Somos modernas, somos treintañeras y estamos ante todo requetebuenas (como los conguitos!)



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