El Placer de las Citas

En un día tan romántico como hoy, tan amistoso y tan gracioso como es el Día de los Enamorados, me viene a la mente uno de los placeres de la adolestreinta: las CITAS.

Sí, cuando estás en la veintena eso del "aquí te pillo, aquí te mato" es de lo más eficaz y satisfactorio. Pero cuando llegas al final de los veinti y rozas los treinti y los fines de semana no dejas de encontrarte con esos "aquí te mato" (y ojalá lo hubiese hecho) decides pasar al maravilloso mundo de las citas.

No sé realmente con que se disfruta más, si preparándote para la cita o durante la cita porque lógicamente el "qué me pongo", el "cómo me maquillo" va en función de cómo creemos que va a ser nuestro galán en potencia e inversamente proporcional a como luego realmente es.

El éxito de una cita para mi gusto reside en la duración de ésta. Si al final de lo que viene siendo la "amena" charla-cena de reconocimiento se responde afirmativamente a eso de "¿tomamos una copa?", las posibilidades de acabar emborrachándote con tu nuevo adonis y haciendo un "Aquí te pillo, aquí te mato" son bastante altas (en total, ya sé como se llama, cuantos años tiene, en que trabaja y de que equipo de fútbol es). ¿Qué más puedo pedir?

Sin embargo, si tras la cena/cine o lo que sea nos retiramos cortésmente es porque la chispa no ha surgido, y reconozcámoslo, podremos quedar 5 veces más que no va a surgir.

Pero no pasa nada porque lo bueno de las citas sin chispa es que la puedes empalmar con uno de esos "Aquí te pillo y bien pillado" y es que, el mayor tesoro de una adolestreinta, es su chorbiagenda. Años de sabiduría concentrada en un teléfono móvil. 

¡Guardadla como oro en paño, nunca se sabe cuando habrá que echar mano!




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