Dejad de lloriquear

Alguien tenía que decirlo... y nada más y nada menos que en un libro que dicen puede ser el bestseller del año. La valiente ha sido Meredith Haaf con su "Dejad de lloriquear. Sobre una generación y sus problemas superfluos".



"Dejad de Lloriquear" Crítica del Libro



Extraigo de la crítica del país...

Una generación que se ha dado en llamar Generación Perdida, un nombre con ecos literarios y del Crack del 29 quizás no demasiado acertado pero sí descriptivo, que se caracteriza por la autocomplaciencia, el escaso interés por la vida pública y política inmediata, la charlatanería de vendedor de feria puesto de anfetas, la rebeldía consumista hipster, la nostalgia prematura, el narcisismo exhibicionista, el exceso de información y la firme convicción de que abrazar la edad adulta no es cosa suya. Una generación, en definitiva, desnortada y, por encima de todo, “triste”.

Ouch! Eso ha dolido. Está claro, nos han dado donde duele y encima Meredith (que nació en 1983) que sabe lo que se dice porque lo ha experimentado a su alrededor.  Yo aún no lo leí y la verdad es que no sé si realmente me gusta la idea de que vean necesario escribir otro libro más en el que me gritan que me indigne, me cabree, grite o salte a pata coja mientras recito tres tristes tigres.

A ver cuándo se enteran de que a nosotros NOS LA SOPLA, así de literal, su mundo de mierda. No es que seamos una panda de niñatos que lo han tenido fácil, hijos de un padre constructor o con madres que se dedican a gestionar su patrimonio. La gran mayoría de nosotros tenemos ya callos en las manos y peinamos canas (las teñimos más bien). Así que no venga a jodernos con que somos una generación sin ninguna meta.

No mira perdona bonita, pero la vida ya no es como antes, ahora apesta aún más. Y sobre todo si has estudiado y trabajado para poder hacerlo y ahora veas que no te sirvió de nada. Así que mira, lo único que no me pueden quitar es que me levante por las mañanas para ver Phineas & Ferb o me siga emborrachando los sábados con mis amigas hasta que nos duelen los pies de bailar.

Así que he de decir... dejad de mandarnos a hacer cosas... que no tenemos un duro, pero sólo hacemos lo que nos divierte sin hacer daño a nadie. ¿Lloriquear? Pues claro, pero por WhatsApp y sólo a los amigos.
Por cierto, ¿y Perry?



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