Adolestreinta, la playa y los chiringuitos

Sí pequeñas bestias, siento comunicaros que sigo en la playa, tostándome al sol, ganándome a pulso ese cáncer de piel que todos buscamos a golpe de pasar horas y horas bajo el sol abrasador poniéndonos morenos. ¡¡MELANOMA!!

Desde que era chica tengo una relación amor-odio con la playa. Es lo que tiene vivir a cinco minutos de ella. Todos la desean mientras que tú la miras con aire de indiferencia. Es como el güenorro al que ya te has beneficiado, todas suspiran por él, pero tú sabes que no es para tanto...


Y es que desde que era pequeña he tenido que sufrir veranos enteros en la playa, con mis hermanos, primos y abuelos en la playa más petarda de todas las que hay en Cádiz, Torregorda (sí, así se llama, haría bromas con el nombrecito, pero podría llevarme toda la mañana con ellas...)

Horas y horas de señoras mayores pellizcándote los carrillos, horas y horas de bolas de arena y rocas reventándote los dedos de los pies y de "niña no te metas mu pa dentro, quédate donde yo te vea" (¿¿yaya que te crees que voy a llegar nadando al estrechooo??¿¿con 6 años?? - cosas de abuelas-). Mañanas enteras en las que la única recompensa de ir seis montados en un citroen del año la polca con más calor que un pollo, era un helado o una cuña de chocolate.

Luego te haces mayor, ya no vas a la playa con tu familia sino con tus amigos y empieza la lucha de los autobuses, las marías gaditanas con sus niños, tupperwares y bingos eternos al solano, los domingueros y los canis (que no sé cual de ellos es peor, lo único que se es que los mataba a todos) y la batalla territorial por encontrar un sitio.


Porque sí, eso es de cajón, por mu grande que sea la playa, por mucho sitio que haya, aunque estés tú sola en una cala desierta, siempre aparece alguien que se te sienta en lo alto...¡¿pero no habrá playa carajo?! Pos no...en to lo alto se te pone, comiendo terreno, diciéndote con la mirada "to esto es mio". Innnnsss...si en ese justo momento tuviese un palo largo me volvía loca repartiendo ostias como panes...

Es lo que tiene la playa, que siempre provoca este tipo de sentimientos. Si no vives en ella, vienes con to la fatiga, con la ansia viva de aprovechar to el día, con lo que te ganas una insolación de cojones, un dolor de cabeza mortal y una espalda como ascuas ardientes.

Si vives en ella terminas relegándola a plan alternativo. No tengo na que hacer, pos vamos a la playa. El problema es que con la edad te vuelves sibarita. Ya no te valen todas las playas. Coño que na más que son arena y agua. Pues tampoco. Te oyes a ti misma o a tus amigos diciendo "esta no que tiene piedrecitas, esta no que no me gusta la arena, esta no que hay mucha gente"...dioos que nos ha pasado...

Así que este año y en plena Adolestreinta que me hallo y viendo que tengo tela de tiempo libre para que me la pique un pollo he decidido reconciliarme con la playa, con mi bocata de tortilla al solecito, mis horas de esparcimiento como una croqueta y mis tardes de colegueo, de no hacer nada, de verlas venir.

Volver a tus raíces, a tu chiringuito con sus abuelos jugando al dominó, a tu tintito con limón pensando en cómo exterminar a todas las gaviotas. Recuperar mis petas al atardecer, mi sarta de mosquitos asesinos y el placer de na más que ver el infinito ante tus ojos.

Este año toca playa....




1 comentarios:

Revototal dijo...

pues a mi me encanta la playa chica!! sigo llevando a mi tierra natal (Madrid) en el corazoncito xo dsd q vivo en la costa cq excusa me parece buena para dar un paseo escuchando las olas incluso en invierno! de hecho dudo mucho q vuelva a vivir lejos del mar!! xo tb t digo q el norte ni playas masificadas ni na de eso,asi q vente a probarlas q seguro q cambias d opinion!:)

 

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