FATAL DE LO MIO

Estoy yo últimamente en MODO REVIVAL ON. Y es que una de las cosas que ocurren cuando vuelves de nuevo a casa de tus padres es que regresas de golpe y porrazo a los 15 años, como ya os contamos en nuestro post "Un sonoro bofetón".

Pues así llevo ya una semana. Ha sido tal el impacto que no he podido aguantar y he tenido que desmontar literalmente mi cuarto. Es que entrar y verme 15 años atrás ha sido demasiado para mi coco. Y así me hallo. Llena de mierda hasta las rodillas, sacando cajas de recuerdos, cartas, regalos de mis primeros novios y preguntándome a voz en grito ¿Qué carajo hago yo con to esto? Y es que definitivamente sufro de un síndrome de Diógenes como un camión. Triste pero cierto. Estoy fatal de lo mio oiga.

 

He encontrado fotos que harían sonrojarse al menos pintado. Fotos de esas de "tía ya te vale". Fotos de esas que no se pueden borrar como las digitales de ahora, de las de carrete, de las que quedan y persisten toda la vida para avergonzarte el día menos pensado. Fotos que te hacen pensar "Menos mal que ya pase esa edad porque ya me vale, vaya pintas que llevaba..."

He encontrado recortes y postales. De esas guarras que compras en todos los viajes y después te metes en tu treintañero culo porque no sabes que hacer con ellas. Recortes de sitios a los que fuiste y que ya no recuerdas. Entradas de cine desde que estaba en el instituto y de las que solo quedan los restos. Folios con dedicatorias mariconas que nos escribíamos en el cole. Muy duro todo, muy duro. 


Lo que yo te diga, fatal de lo mio. Pero es que por mucho que saque, que escarbe, que tire, todavía siguen saliendo cosas que te ponen los ojos en blanco. Cartas, de esas que ya no se llevan, de las desfasadas en el tiempo, y que te hacen recordar lo pava que eras (y que sigues siendo). Cartas de gente que se perdió en el camino, cartas de amor, y sí lo digo en serio. ¿Tú sabe el tiempo que hace que a mi no me escriben una carta de amor? Pues con la limpieza lo descubrí...mucho, pero que muuuucho tiempo....

A todo eso y más me estoy enfrentando estos días. A todos esos miedos, recuerdos atesorados en cajas, que te esperan siempre que te quedas sin nada que hacer. Porquería de la buena vaya. De esa que te pone melancólica, que te hace recordar los buenos tiempos cuando todo era más fácil. Y de los que te recuerdan que sigues siendo la misma carajaula de esa época, con las mismas pamplinas pero con lenguaje más adulto, con más amargura en la voz. Ya te digo, melancólica (o más bien, subnormal perdía) 

Pero este arranque de valentía, de arrojo, de "se acabó to ya carajo, to a la basura" tiene también cosas buenas, más que malas.

a) Te deshaces de toda esa mierda que tenías acumulada por tu incipiente y cada vez más desarrollado Síndrome de Diógenes (que tú le puedes llamar recuerdos, pero no cariño, eso es mierda de la buena)

b) Tu madre deja de perseguirte repitiéndote hasta la saciedad "niña a ver cuando limpias el cuarto que no veas como me lo tienes"

c) Te partes el pecho y te encuentras riéndote sola, entre fotos, dedicatorias y chorradas varias que te encuentras (aunque también cae alguna lagrimilla, que no se diga que no tenemos corazón)

Pero lo más importante de todo es que te das cuenta de lo poco que has cambiado, que lo que te escribía la gente sigue estando vigente, que sigues sintiendo igual y sigues haciendo las mismas cosas (le pese a quien le pese). Es decir, que como llevamos reclamando desde enero que empezó esta puta locura, vivimos, pasamos y recordamos nuestra primera edad del pavo y como lo hacemos con tanto cariño, revivimos y volvemos a una segunda.


Y es que después de esta batalla contra los recuerdos definitivamente ¡ME DECLARO EN ABSOLUTA Y COMPLETA ADOLESTREINTA!

2 comentarios:

Revototal dijo...

Los momentos revival son brutales!! Y claro q no,no cambies nunca!!!:)

Salvatierra dijo...

Excelente crónica de una limpieza anunciada.
Pero como bien dices, aunque Diógenes, en el papel de demonio malo, se empeñe en hacerte guardar todo eso, ya está ahí tu madre, en el papel de ángel bueno, para ayudarte a pasar página. Y es que muchas veces el lastre del pasado nos impide surcar el futuro.

 

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