Uno, Dos, Tres, Para.

Qué tendrán los latinos... los bares, digo.

Yo, de verdad de la buena, que nunca se me había ocurrido adentrarme en un mundo que estaba segura que no me correspondía.

Porque a la vista está que yo bailar bailo (bueno, más bien perreo) pero de ahí a tener la coordinación para no pisar a la pareja de baile o no estamparme de bruces contra el suelo a la segunda vuelta... va un mundo.

Razón por la cuál siempre bailo sola. Es una estrategia para minimizar daños colaterales.

Seamos realistas.

En cualquier bar español con que seas capaz de mover la cadera con un poquitito de gracia te conviertes en la reina del baile.

Yo, que me doy contra los quicios de las puertas al pasar y me tropiezo en las lineas de lápiz que alguna niña pintó en la acera, no me creía capaz de bailar con alguien sin que él (o yo) acabáramos en urgencias.

Una noche allá por el lejano enero, ella me convenció. Fue un intercambio de favores, cosas de amigas.

No sé si fueron las luces o la visión de los sofás de polipiel ... salí anonadada, estupefacta, patidifusa.
¿Tantos malditos años destrozándome los tobillos en largas noches de fiesta con mis 10 centímetros de tacón para qué?

Aun así, son muchos años, muchos desengaños, muchas cosas que te decepcionan... y decidí tomarme el descubrimiento con calma.

Fuimos haciendo incursiones programadas cada cierto tiempo.
Fui buscando en youtube canciones que escuchaba los viernes por la noche.
Al principio, lo básico. Enrique Iglesias.

Un punto común entre mis noches de viernes y mis noches de sábado. 
Un lugar en medio de ninguna parte.

Una vez que has pasado el rechazo inicial a la novedad y empiezas a ver más allá de tu barrera de prejuicios, las cosas no hacen sino mejorar. (Esta máxima es aplicable a casi todo en esta vida)

Ya bailo. Bueno, un poco.  Nada que llame la atención . Al menos ya no cuento "uno, dos, tres, para".
Me acuerdo perfectamente de la primera noche que me enseñaron a contar,
Digo contar, no bailar.
Porque esa noche pude aprender muchas cosas pero bailar no fue una de ellas.
Si  a mi maravillosa coordinación de patito, le añades varias cervezas y un morenito guapísimo... bailar no bailas pero contar cuentas hasta los nueve meses que pasaste en el vientre materno.
Lo que sea con tal de que te tenga pegadita a su piel.

Centrémonos. Que me estoy iendo del tema.

Todo un descubrimiento, vamos.

Ha llegado un punto que prefiero salir los viernes a latinear que los sábados a que me empujen, me tiren el cubata por encima y me intenten meter el morro...

Qué tendrán los latinos... 




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